La paciencia siempre te premia: Conversación con Mauro Chacón

Mauro Chacón (Ecuador) no se considera fotógrafo profesional. Su oficio principal ha sido la publicidad, donde ha trabajado durante décadas como director creativo. Sin embargo, la fotografía se convirtió en una forma de observar el mundo con una atención distinta: más lenta, más silenciosa, más paciente.

Hace una década emprendió un viaje a la Amazonía ecuatoriana para convivir durante quince días con el pueblo Waorani. De esa experiencia surgió una serie de imágenes que rehúye el exotismo y apuesta por una mirada respetuosa, construida desde la observación y la cercanía humana.

Conversamos con él sobre ese proyecto, sobre la responsabilidad de la fotografía documental y sobre la importancia de esperar el instante justo.

Antes de hablar de la serie Waorani, me gustaría comenzar por tu historia. ¿Cómo llegas a la fotografía?

Llegué por un camino inesperado. Estudié diseño gráfico cuando en Ecuador todavía era una disciplina poco conocida. Trabajé durante años en publicidad, primero como diseñador y después como director creativo. Creo que fue precisamente ese trabajo el que preparó mi mirada.

Cuando llegué a Quito comencé a caminar con una cámara. Descubrí que me interesaban los momentos que ocurren en una fracción de segundo. En publicidad siempre buscas el insight, aquello que está detrás de lo evidente. Con la fotografía callejera encontré algo parecido: anticipar que algo puede suceder y esperar el momento exacto.

La paciencia se volvió fundamental. Ver una esquina, una sombra, una pared, imaginar una posibilidad y esperar. Muchas veces no pasa nada. Pero cuando sucede, la fotografía aparece.

¿Cómo surgió el proyecto sobre los Waorani?

Fue hace aproximadamente diez años. Viajé con un pequeño grupo de fotógrafos a la Amazonía ecuatoriana. Pasé quince días viviendo con ellos.

Lo primero que aprendí es que nosotros solemos observar estas comunidades desde nuestros propios parámetros. Pero ellos viven dentro de su propia lógica. Tienen una relación completamente distinta con el territorio, con el tiempo y con la supervivencia.

Para mí fue como viajar miles de años hacia atrás y, al mismo tiempo, encontrar una enorme coherencia en su forma de vivir.

En las imágenes se percibe mucho respeto. ¿Cómo evitaste caer en el exotismo o la romantización?

Observando.

Creo que cuando llegas a cualquier lugar, lo primero que debes hacer es guardar la cámara. Mirar. Entender quién es quién. Comprender las dinámicas del lugar.

Vi fotógrafos que dirigían escenas o pedían a las personas que posaran. Yo no podía trabajar así. Necesitaba que las imágenes surgieran de manera natural.

Siempre he intentado ser honesto. Si una fotografía necesita ser construida para existir, probablemente no es la fotografía que estoy buscando.

¿Qué descubriste sobre la relación entre los Waorani y la selva?

Ellos se consideran guardianes del territorio. La selva no es un paisaje: es parte de su identidad.

Su conocimiento de las plantas, de los ríos y de los ciclos naturales, es impresionante. Aprendí que la naturaleza no es algo externo a ellos. Es una extensión de su propia existencia.

Eso no transformó mis creencias, pero sí reafirmó algo que ya sentía: la necesidad de respetar la tierra como un organismo vivo.

Leer la entrevista completa en la versión impresa y digital de Paralaje

Mauro Chacón (Quito, Ecuador) | IG: @mauroriesgo